miércoles, 15 de diciembre de 2010

Sidor vuelve a caer

Avanza el "Plan Giordani" en empresas de Guayana. Ya discuten la desaparición de compañías con sus imágenes con sus nombres y personalidad jurídica. Deslumbrados por el llamado control obrero, muchos convertidos en gerentes, desmantelan los sindicatos. Carbonorca cumplió 29 días sin producir por falta de insumos. En Alcasa cierran celdas.

La producción de Sidor en noviembre cayó a 220 mil toneladas de acero líquido desde los 251 mil de octubre que ya era baja, comparada con el promedio mensual de 358 mil en 2007, último año bajo administración de Ternium.

La nueva caída mostró que el supuesto fin del "racionamiento eléctrico" fue tan sólo un truco para hacer creer que la causa de la crisis eléctrica era la sequía.

Sidor apenas usa alrededor de 450 MW de energía, más que los 300 MW que les permitían durante el funcionamiento del decreto de emergencia eléctrica, pero mucho menos de los 900 MW de su tope productivo.

"La baja producción es producto del severo deterioro de muchos equipos e instalaciones tras dos años de estatismo y la escasez de repuestos e insumos", dice José Jiménez, director laboral.

Otros trabajadores advierten que además hay un estado de anarquía producto de los pugnas internas del chavismo "por el control del control obrero", sin autoridad gerencial ni de la directiva de la empresa.

En Carbonorca, la fábrica de ánodos verdes de carbón, elemento indispensable para el proceso de producción de aluminio, cumplió ayer 29 días totalmente paralizada por falta de algunos insumos, especialmente el alquitrán que es el aglutinante en su proceso productivo.

"No hay alquitrán porque a los proveedores internacionales les adeudan unos 120 millones de dólares y se niegan a atender mas suministros salvo que se les pague cash y se abone parte de la deuda", denuncia Emilio Campos, secretario general del sindicato.

La parálisis de Carbonorca y la consiguiente falta de ánodos, se suma a la sequía total de otros insumos en Alcasa.

"Al faltar los ánodos, la calidad del aluminio baja, perdiendo parte de su valor, pero además, junto a la falta de los baños electrolíticos y el fluoruro de aluminio, ya agotados en almacén, han llevado a 40 celdas entre las Líneas III y IV a la condición de `casco rojo’, es decir, a punto de terminar perforadas y por tanto salir de servicio", reclama Henry Arias, secretario de organización del sindicato de esa empresa.

Las Líneas I y II de Alcasa fueron cerradas el 28 de diciembre pasado por orden del gobierno para reducir el consumo eléctrico, perdiéndose la capacidad de producir unas 50 mil toneladas anuales del metal.

"En la Línea III quedan 101 celdas trabajando y en la Línea IV hay 102, del total de 396 que existen entre ambas", señala Arias, quien expone que "lo peor es que cuando cada una de ellas llegue a 85 ó 90 celdas estará en el límite mínimo, sin el cual los transformadores eléctricos ya no pueden seguir operando en esas líneas de celdas en serie. Eso significaría el cierre de la empresa".

El presidente de la empresa, Elio Sayago, había logrado "estirar" unos días la crisis con material prestado de Venalum y esperaban un barco con insumos, pagado "cash".

PLAN GIORDANI
En su libro más reciente, el ministro Giordani escribe que "deberían cerrarse algunas plantas industriales de Guayana" y ese concepto está claro en el llamado "Plan Guayana Socialista 2019" en el que se introduce el concepto del "control obrero" que para muchos sólo es un "caramelo" mediante el cual se ha cooptado a una parte del activismo laboral y sindical del PSUV para uno de los objetivos del plan que es desmantelar, hasta inutilizar, a los sindicatos, convirtiendo a esos dirigentes en gerentes y patronos aunque algunos de ellos parecen convencidos de estar "construyendo un proceso histórico socialista".

Ya los participantes del Plan han hablado públicamente de "eliminar los nombres y las figuras jurídicas de las empresas", confirmando lo que varias veces hemos escrito acerca de que las Corporaciones Socialistas del Hierro-acero y el aluminio buscan súper centralizar la organización y eliminar la autonomía de las unidades de producción lo que a su vez tendría consecuencias en los contratos colectivos.

"Con el cuento del control obrero, el gobierno pronto va a culpar a los trabajadores de la ruina de las empresas", remata Arias.

Tal Cual Digital

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